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Lactancia materna en América Latina: una recuperación insuficiente y lo que los equipos de salud pueden hacer

Graciela Basso·1 de septiembre de 2026·6 min de lectura

Durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la OPS presentó datos que muestran que menos de la mitad de los bebés menores de seis meses en América Latina y el Caribe reciben lactancia exclusiva. Uruguay pasó del 94% al 72% durante la pandemia y hoy recuperó solo el 77%. Las causas son conocidas — y muchas están dentro de la UCIN.

En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna de agosto de 2026, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) convocó un webinar regional en el que Uruguay presentó datos que deberían sacudir a cualquier equipo de neonatología de la región: la lactancia materna exclusiva al alta hospitalaria cayó de aproximadamente el 94% antes de la pandemia al 72% en 2020 y, cinco años después, solo se recuperó al 77%. Casi veinte puntos porcentuales que todavía no se recuperaron.

Un problema regional, no solo uruguayo

El caso de Uruguay no es una excepción: es un espejo. En América Latina y el Caribe en su conjunto, menos de la mitad de los bebés menores de seis meses reciben lactancia materna exclusiva, la única alimentación que la OMS y la OPS recomiendan durante ese período. Las cifras regionales llevan años estancadas, y la pandemia profundizó una tendencia que ya era preocupante.

El webinar de la OPS identificó tres factores que explican buena parte del descenso: el aumento de las cesáreas (que dificultan el inicio precoz de la lactancia), el bajo peso al nacer (especialmente en recién nacidos prematuros que ingresan a la UCIN) y la introducción temprana de fórmulas en los propios hospitales. A esto se suma una preocupación creciente: el marketing digital agresivo de sucedáneos de leche materna, que llega directamente a madres en situaciones de vulnerabilidad.

La UCIN como punto crítico

Para los equipos de neonatología, el dato más revelador es que la introducción temprana de fórmulas en los hospitales aparece como uno de los factores principales. Esto significa que lo que ocurre dentro de la unidad neonatal —las primeras horas y días de vida— tiene un impacto determinante en si ese bebé y esa familia van a poder sostener la lactancia.

En el caso de los bebés prematuros, el desafío es doble. La separación física, el estrés de la internación, la dificultad del bebé para coordinar succión-deglución-respiración y la incertidumbre de los padres son barreras reales. Pero también lo son las prácticas del equipo: cómo se apoya a la madre en la extracción de leche, cómo se planifica la transición al pecho, cómo se involucra al padre o a la pareja, qué mensaje implícito transmite el equipo cuando ofrece fórmula ante la primera dificultad.

Lo que el cuidado centrado en la familia cambia

El modelo de cuidado centrado en el desarrollo y la familia no trata la lactancia como un tema aparte: la integra como parte del vínculo, del apego y del desarrollo del bebé. Cuando los padres son cuidadores activos y no visitas, cuando el método canguro es sistemático y no esporádico, cuando el equipo apoya en lugar de reemplazar la capacidad de la familia, las tasas de lactancia al alta mejoran de manera consistente.

  • El skin to skin desde las primeras horas favorece la producción de leche y la transferencia al pecho
  • La integración activa de la madre en el cuidado reduce el estrés y sostiene la motivación para lactar
  • La educación del equipo sobre señales de hambre y alimentación no nutritiva reduce la indicación innecesaria de fórmula
  • El apoyo al padre o pareja como agente activo mejora la adherencia a la lactancia después del alta

Una oportunidad para los equipos

Los datos de la OPS son una señal de alarma, pero también una oportunidad. Si los factores que explican la caída de la lactancia son en gran parte evitables —prácticas hospitalarias, fórmula innecesaria, falta de apoyo al vínculo— entonces los equipos de salud tienen más poder del que creen para revertir la tendencia.

Eso requiere formación. No solo información sobre los beneficios de la lactancia —eso ya lo saben todos— sino herramientas concretas para acompañar a las familias en los momentos más difíciles: cuando la madre está agotada, cuando el bebé no prende, cuando la familia siente que no puede más. Ahí es donde se gana o se pierde la lactancia.

Los programas FINE y CIRENA de Prenato incluyen módulos específicos sobre alimentación del recién nacido prematuro, apego y rol de la familia en la UCIN.

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